Celebrar el cumpleaños de los animales, una tendencia que crece en las familias “multiespecie”

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Fuente lavoz 10/09/2022

En 2011, un estudio realizado por Millward Brown Argentina para dos importantes marcas de alimento balanceado determinó que este era el país más “mascotero” de Sudamérica.

Ocho de cada 10 familias dijeron tener un animal de compañía en su casa que, además, en su mayoría, definían como “un integrante más de la familia”.

Aunque pasaron varios años desde este informe, otros relevamientos privados confirman que la tendencia se mantiene.

Los psicólogos coinciden, incluso, en que la pandemia fortaleció este vínculo aún más.

Las familias ‘multiespecie’ son una realidad y los festejos de cumpleaños de mascotas -una tendencia que está en crecimiento- dan cuenta de ello.

Los animales están incorporados al cronograma de las familias, y por este motivo su nacimiento se conmemora como un acontecimiento más.

“Tener un animal de compañía no significa necesariamente que sea parte de la familia, para eso tienen que darse otras condiciones.

Tiene que haber un vínculo, además de interacciones.

Cuando un animal forma parte de la red de relaciones vinculares de la familia, podemos hablar de familias ‘multiespecie’.

Se trata de una relación cercana, construida porque cohabitan en el mismo hogar y comparten reglas y rutinas, que se negocian y modifican tanto a los miembros humanos como a los animales.

En un punto, la familia multiespecie comienza a repensarse con una condición de animalidad, se empiezan a autopercibir como manada, a pensarse con relación a este nuevo miembro, que es un no humano”, explica en diálogo con La Voz Marisa Morales, licenciada en Psicología.

Y contextualiza: “Cómo nos vinculamos con los animales es tema de debate desde hace años, pero en la década del ‘60 comenzó a discutirse con más fuerza.

Argentina fue uno de los primeros países de la región de Sudamérica que tuvo una legislación específica de protección contra el maltrato animal.

Lo que se conoce como ‘Ley Sarmiento’ fue la primera en Sudamérica”.

“La modificación de la Ley de Maltrato Animal en el ‘54, que fue un avance sobre la primera ley, consolidó esta perspectiva de que la vinculación que tenemos con los animales debe estar basada en el respeto, y no en el maltrato o el abuso”, dice Morales quien cuenta que después de esto, la Argentina no avanzó más en cuestiones legislativas, pero en las vinculaciones y en las relaciones familiares sí hubo un avance.

“Este es uno de los países de la región con mayor cantidad de animales de compañía por población.

Somos uno de los países más animalistas de la región de Sudamérica”, asegura.

¿Está bien o está mal?“Festejarle el cumpleaños a un animal de compañía ¿está bien o está mal? La verdad es que uno podría preguntarse, ¿por qué estaría mal? o ¿por qué estaría bien? Aquí se puede hablar de una tendencia de los seres humanos, que está ampliamente estudiada, y que tiene que ver con la antropomorfización”, apunta la psicóloga, quien vincula esta tendencia a la empatía.

“Te dibujo un redondel y algunos palitos, y vos ves una figura humana.

Esa es una tendencia natural de nuestro cerebro, de nuestro sistema neurocognitivo.

Esa tendencia tiene un beneficio, y es que en general nos permite pensar al otro.

Cuando pensamos al otro, también pensamos cómo el otro está pensando y sintiendo.

Es la base de la empatía.

Si yo no puedo antropomorfizar, no puedo atribuirle un estado emocional o de pensamiento al otro.

La empatía es una característica prosocial.

Es lo que nos permite comportarnos en la sociedad de manera tal de no dañar a los demás”, cierra.

La hora de la torta y el bonete“Cuando la perra de mi primo quedó embarazada, él me ofreció hacerme cargo de uno de los perritos y acepté.

Hace dos años y dos meses que nació Sambayón, y desde el día uno fue puro amor.

Es como mi hijo y si es mi hijo, ¿cómo no voy a celebrarle el cumpleaños? Sé su fecha de nacimiento y celebrarlo es conmemorar su nacimiento y un año más de vida con él”, cuenta Sofía Alesso.

La joven cordobesa tiene 27 años y explica que esta es una costumbre familiar.

“No recuerdo desde cuándo, pero siempre que cumplían años los perros, con mi familia hacíamos algo simbólico.

Poníamos una velita sobre una magdalena y le cantábamos el Feliz Cumpleaños.

Era algo simbólico, pero representativo de que le íbamos contando los años”, precisa.

Y sigue: “No sé si Sambayón entiende algo o no, pero recibe amor.

Por suerte, donde vivo, todos estamos en la misma: vivimos solos, tenemos un perrito, y para nosotros, son nuestros ‘canijos’.

Cuando le festejé el cumpleaños número dos, vinieron 10 perros con sus dueños.

Fue una fiesta.

Hice hasta un flyer y todo.

Bajamos todos al parque, hice sorpresitas para los perritos invitados, además de comprarle una torta especial, galletitas y croquetas”.

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alesso)Experta en repostería caninaIvana es cordobesa, se define como “animalera y perrera de nacimiento”, y con la pandemia encontró cómo amalgamar su amor por los animales con una nueva salida laboral.

Ella trabajaba en turismo, pero la empresa que la contrataba cerró, y tuvo que buscar una nueva forma de mantenerse económicamente.

“En 2020, con la pandemia, me quedé sin trabajo y me puse a ver qué iba a hacer.

En Instagram me llegó una publicidad para hacer un curso de repostería canina y me anoté.

Me gustó, después hice otro curso y empecé a producir en casa.

Hacía tortas para mis perros y perros de amigos, hasta que me animé y lancé el emprendimiento”, cuenta la fundadora de Tonquis Repostería Canina y Felina.

En estos dos años de vida, Ivana cuenta que su negocio fue en ascenso.

“Cada vez me piden más cosas.

Ahora armo combos con bonetes y banderines para decorar, además de los muffins, tortas, galletas, snacks, o lo que quieran”, precisa, y agrega: “Últimamente, los cumpleaños son masivos, la semana pasada me hicieron un pedido para una fiesta en la que había 17 perros invitados.

Los dueños van a bares pet friendly y festejan”.

En promedio, las tortas de Tonquis cuestan entre $ 1.500 y $ 2.000, y un combo básico que incluya torta, banderín, bonete, cuatro muffins y un paquete de galletas se puede conseguir a $ 3.000.

“Todas las recetas están supervisadas por un veterinario y son realizadas con ingredientes naturales.

Además, siempre les pregunto a los clientes si el animal tiene alguna restricción alimenticia o problema para saber si tengo que cambiar algo.

En caso de tener alguna duda, le consulto a una veterinaria que es nutricionista”, explica la repostera.

Antes de preguntarnos si está bien o mal celebrarle el cumpleaños a un animal de compañía, podríamos cuestionarnos: ¿está bien o mal humanizar a los animales? Y aquí Morales precisa: “No puedo decir que haya evidencia empírica, científicamente comprobada, que diga que está mal.

De hecho, hay algunas investigaciones que sostienen exactamente lo contrario”.

View this post on Instagram A post shared by Tonquis Reposteria Canina (@tonquis_reposteriacanina)“Luego de miles de años que tenemos de convivencia con estos animales, que forman parte de nuestros grupos familiares, ha habido un beneficio mutuo, y esto hace que podamos desarrollar relaciones afectuosas de respeto, consideración y cariño que producen beneficios humanos y beneficios animales”, explica.

Ángela Mottola tiene 73 años y todos los 21 de septiembre, desde hace más de 10 años, su perra Karu goza de “mimos extras” con motivo de su cumpleaños.

“Cuando se murió El Gringo, otro de mis perros, ella quedó como la reina de la casa.

Como no sabíamos cuándo había nacido, porque la adoptamos de la calle, determiné que el 21 de septiembre le íbamos a festejar su cumpleaños.

..

y así es.

No hacemos nada aparatoso, le hago un vestido, le pongo un sombrero, preparo una tortita y listo.

Es un día de mucho cariños y mimos, un día especial, de no retarla, convidarle lo que le gusta, aunque pareciera que su cumpleaños es todos los días porque la mimamos todo el tiempo”, reconoce.

Y cierra: “Ahora va a cumplir 14 años, y hay que contenerla porque ya está viejita, no hay que retarla.

Uno no puede evitar hacer comparaciones entre ella y las personas mayores, a las que ya no les dan bolilla”.

Marisa Morales dice que “hay muchos estudios que sostienen que las primeras vinculaciones que se establecen con un animal dentro de un grupo primario (familia nuclear) y la manera en la que se desarrollan estas vinculaciones marcan de alguna forma la trayectoria de las relaciones de estos niños.

Si el niño es testigo de la violencia, y forma parte de la dinámica familiar el maltrato animal, es muy probable que este niño lo repita.

Al igual que si ve que hay un trato considerado, empático, respetuoso, seguramente luego va a tener este tipo de vinculaciones con los animales, y con las personas también”.

Y luego se sincera: “Pero, para ser honesta intelectualmente, ese es sólo un lado de la biblioteca.

Del otro lado también se dice que, en realidad, el desarrollo de la capacidad de empatía no significa necesariamente que haya más empatía interespecie.

Que algunas personas pueden tener empatía con los animales, y no necesariamente con las personas, y viceversa.

Hay evidencia empírica de los dos lados”.

Asegura que, a la hora de tomar partido, ella se inclina por la primera teoría.

“Personalmente, creo que si uno tiene relaciones más empáticas con los animales, esto favorece a que tengamos relaciones más empáticas con las personas.

A que podamos considerar al otro como un ser con necesidad, sentimientos, sensaciones con emociones, y con autonomía para decidir qué le gusta y qué no”, analiza.

La mirada condenatoriaPese a los estudiados y comprobados beneficios de establecer vínculos profundos con animales de compañía, existen quienes no comparten estas costumbres.

“Hay una influencia de algunas perspectivas que condenan el vínculo”, detalla la psicóloga y agrega: “Solemos escuchar frases como: ‘¡Mirá cómo lo quiere!’, ‘¿Tanto lo va a querer?’, hay una condena, una perspectiva sancionatoria respecto del vínculo afectivo que se establece con los animales y creo que tiene que ver con factores culturales”.

Y cierra la reflexión: “Estamos en un proceso transicional entre el perro que estaba atado en el patio y las familias ‘multiespecie’.

En este momento, hay un proceso de transición que no puedo avizorar adónde va a llegar, pero quizás termine en que finalmente tengamos relaciones más respetuosas y consideradas con los animales que viven con nosotros, y con quienes podemos desarrollar vínculos emocionales de sostén y de beneficio mutuo”.