Córdoba ya es el tercer destino nacional en turismo del vino: cómo busca crecer el sector

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Fuente lavoz 24/07/2022

En Argentina, son 18 las provincias que tienen algún tipo de actividad vitivinícola.

Y en ellas se reparte el total de las 111 mil hectáreas sembradas con vides en el país.

El último mapeo del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) confirma una obvia presunción: Mendoza es la reina absoluta, y alberga el 70 por ciento de esa producción.

Le siguen San Juan, dueña de más del 20 por ciento; La Rioja, con el 3,4 por ciento, y Salta, con 1,7 por ciento.

Hay que bajar al noveno puesto para encontrar a Córdoba, con sus 290 hectáreas cultivadas de vides, sólo el 0,13 por ciento del total nacional.

Sin embargo, si se mira esa industria desde uno de sus costados con mayor potencial, el turismo, el desempeño de Córdoba mejora notablemente y revela un fuerte crecimiento en los últimos años, en especial luego de la pandemia.

Según datos aportados por la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar, organismo público-privado para el desarrollo del sector), por los productores locales y por la Agencia Córdoba Turismo, la provincia ya logró convertirse en el “tercer destino más importante en turismo del vino o enoturismo del país”, luego de Mendoza –el primero lejos– y de Salta, un segundo también potente.

“En cantidad de personas que visitan bodegas Córdoba, ya logró ese tercer lugar, eso habla del enorme potencial que ofrece la actividad que tiene muchísimo por crecer en la provincia”, señaló Federico Manrique, responsable de Comunicación y Desarrollo Institucional de Coviar, anticipando nuevos datos relevados por el Observatorio Vitivinícola Argentino.

El ejecutivo explicó que en este sentido el posicionamiento de Córdoba supera al de plazas donde la industria tiene mucha mayor escala, como San Juan, porque allí la actividad se enfoca en otros modelos de negocios.

“Esa provincia se basa fuertemente en la exportación de jugo concentrado de uva y otros productos, commodities de los que Argentina es uno de los mayores exportadores mundiales”.

En Córdoba, la gran apuesta de la vitivinicultura es el turismo, una industria que integrada a la producción y comercialización de vinos permite el desarrollo, en esa actividad, de negocios rentables y sustentables dentro del modelo productivo de la provincia, dominado en materia de volúmenes por otro tipo de cultivos.

De todas maneras, y al desarrollarse en tierras que no son aptas para otras producciones, al requerir menos aguas y al no generar impactos ambientales nocivos, el cultivo de la vid crece en la provincia y está muy lejos de haber desarrollado todo su potencial.

Sólo en los últimos 10 años, siguiendo con los datos oficiales del INV, la superficie cultivada con vid de Córdoba creció un 5,7 por ciento, cuando en provincias vitivinícolas tradicionales, como Mendoza, San Juan o Río Negro, la extensión con viñedos se redujo entre un 3,5 a un 10,4 por ciento.

Junto con eso, mayor dinámica ganó aún el flujo de público a las 13 bodegas “oficiales” distribuidas por la provincia –registradas como tales porque cumplen con todos los requisitos– y también al resto de emprendimientos y establecimientos de distinto tipo asociados a la producción de vino: elaboradores artesanales (13), caseros (21), fábricas de espumantes (cuatro) y viñedos (hay en total 133).

El crecimiento es señalado desde la Cámara de Bodegas y Productores Vitivinícolas de la provincia de Córdoba y también desde la Agencia Córdoba Turismo, enfocada en impulsar el producto Los Caminos del vino en Córdoba desde hace casi una década.

Fueron creados en 2008 y se integraron al circuito argentino Caminos del Vino, un recorrido asociado al vino que conecta los valles del norte cordobés, Punilla, Calamuchita, Traslasierra y el corredor de Sierras Chicas.

“Se está reconociendo a Córdoba como lugar de oferta enoturística.

Estas vacaciones de invierno, las bodegas están saturadas.

La dinámica que la actividad ganó desde la pandemia es mucho mayor.

Los propios productores destacan que hasta el habitante de Córdoba capital descubrió este tipo de turismo en su provincia en los últimos dos años”, asegura Nora Cingolani, vocal del directorio de la Agencia Córdoba Turismo y coordinadora del producto Caminos.

“Ya podemos decir que estamos teniendo ‘turismo de vino’ y no sólo ‘turismo con vino’, es decir, gente que arma su viaje para visitar bodegas y a partir de ella realiza otra clase de actividades”, agrega.

50 productores en los Caminos del Vino“El enoturismo es nuestra palanca más fuerte, la que viene permitiendo que el sector crezca de manera sostenida.

Aquí hay producciones pequeñas y también hay un enorme capital turístico previo”, coincidió Juan Cruz Borsotti, presidente de la Cámara de Bodegas y Productores Vitivinícolas de la provincia de Córdoba.

Aunque su germen nació antes, la entidad tiene personería jurídica recién desde hace unos dos años, un dato que grafica la “juventud” de la vitivinicultura local.

Trabaja para aglutinar a todo el sector y, en alianza con el sector público y con entidades como Coviar, para colaborar con su crecimiento.

“La producción de vino en Córdoba arranca con los jesuitas, luego tiene un desarrollo importante con los inmigrantes, como los italianos que se establecieron en Colonia Caroya.

Y ya desde fines de los años ?90 empieza a ganar en calidad, variedad y volumen”, repasa Cingolani.

Y apunta que fueron los visitantes de Buenos Aires, de Santa Fe y de Rosario, en ese orden, los primeros en descubrir ese nuevo atractivo de la provincia en los últimos años.

Hoy, el circuito de los Caminos cuenta con más de 50 productores registrados, de los cuales 25 ofrecen servicios turísticos, gastronomía y alojamiento, además de realización de eventos, shows artísticos y otras experiencias.

Cingolani y los bodegueros coinciden con que el enoturismo tiene distintas fortalezas: fluye durante todo el año sin atarse a temporadas y, en general, está protagonizado por consumidores de perfil medio a medio alto, con poder adquisitivo en consonancia.

Bien trabajado, tienen capacidad también de traer al visitante internacional, tal como sucede hoy en un sector con la madurez y escala del mendocino.

En ese punto, una de las líneas de trabajo entre privados y la Agencia provincial pasa por lograr mejor posicionamiento internacional de los vinos locales, embarcados en los últimos años en un exitoso proceso de mejora de calidad.

“Por estos días tendremos, por ejemplo, la vista de representantes de Wines of Argentina, una entidad que promueve el vino nacional en el exterior.

También será muy importante el estudio de caracterización de zonas que realizarán los productores con el pollo de Coviar”, señala Nora Cingolani.

La Agencia realizó días atrás una presentación de vinos cordobeses a 60 agencias de viajes brasileñas, en el marco de una actividad de promoción turística asociada el nuevo vuelo de Aerolíneas Argentinas que une San Pablo con Córdoba.

Cingolani analizó: “Notamos mucho interés del turista brasileño en vinos.

Es un producto que puede funcionar muy bien para escapadas de fin de semana de los habitantes de San Pablo”.

Ejemplos.

Algunos de los muchos actores de la cadena del vino cordobesa son las bodegas La Caroyense y Terra Camiare (Caroya), Viñero Nébula (Punilla), Bodega Estancia Las Cañitas (Calamuchita), hostería y bodega Noble (San Javier, Traslasierra), entre muchos otros.

Bodegas y productores se concentran en seguir mejorando la calidadGracias a la combinación de condiciones agroecológicas y climáticas de sus diversas regiones, los vinos locales tienen impronta diferente según los diversos suelos donde se desarrollan.

Hoy son seis las regiones cordobesas en las que se concentra la industria vitivinícola local (ver mapa).

Además, en total, se destaca un 81 por ciento de producción de varietales tintos, 12 por ciento de blancos y siete por ciento de rosados.

“Sin lograr productos de calidad, los proyectos no son sustentables.

Por eso es muy importante trabajar, con una entidad como Coviar, en realizar estudios profundos de terroir (alude al ámbito natural integral donde se cultiva la vid) y de cepas”, destaca Carlos Testa, fundador de la bodega Río del Medio, en Calamuchita, e integrante de la cámara sectorial.

El establecimiento logró, por ejemplo, que tanto su tinto Tizún como el blanco Malabar recibieran 92 puntos en la prestigiosa guía Descorchados, que además lo señala como el vino blanco revelación de Argentina.

Un puntaje extraordinario para un proyecto que empezó hace apenas 10 años y en una zona casi sin tradición.

Coviar o Corporación Vitivinícola Argentina, una entidad de promoción del sector creada por ley pero financiada con el aporte de la industria, se prepara para iniciar un fuerte trabajo junto con el sector, con el fin de colaborar en su salto de calidad y crecimiento.

En ese camino se inscriben los estudios técnicos que menciona Testa, como diversos programas de capacitación y financiamiento de actividades con impacto en toda la cadena del sector.

El logro de vinos de alta calidad y reconocimiento es una llave fundamental para que la vitivinicultura cordobesa siga captando turismo y abriendo canales comerciales a sus productos.

A futuro, también se piensa en exportar.

“Estamos, cada vez más, en restaurantes de las zonas turísticas y de la ciudad, pero falta muchísimo.

Si el sector logra presencia plena en ese canal y en los comercios cordobeses, su crecimiento sería exponencial”, anticipa Testa.