Crítica de “Piedra noche”: el duelo fantástico

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Fuente lavoz 24/06/2022

Los inicios de las películas de Iván Fund suelen ser hermosos.

La panorámica inicial de piedra noche que muestra una plataforma emplazada en el mar a una distancia prudente de la costa de Linda Bay es contundente.

Es un gigante de hierro que expresa un misterio, un monstruo arquitectónico que es materia de discusión entre los habitantes, aunque no es el único monstruo.

Algunos creen que en la ciudad balnearia anida otro monstruo.

Incluso hasta existen hipótesis de su evolución, como se puede ver en un folleto turístico.

Son motivos de afluencia de turismo y, como es de esperarse, despiertan el interés de los empresarios.

Ese inicio magnífico es la presentación de un mundo, y en él el protagonista central es un grupo familiar.

Al hijo de la pareja le encanta los kaij?s, esas bestias gigantes pergeñadas en una tradición de lo fantástico tan lejana como la japonesa, pero también influida por la incidencia marítima del paisaje.

En una noche cualquiera, acompañado por su perro, el niño sale a caminar por la costa.

Nunca más volverá.

Todo lo que sucede después no es otra que el impreciso y desregulado tiempo de un duelo.

La película prescinde de explicaciones, asume la ausencia del niño y también el paso del tiempo.

Sucede que el acomodamiento de los ausentes lleva un período de tiempo inmedible.

Cualquier persona que haya perdido a alguien lo sabe: el espacio de los espectros en la memoria se erige lentamente, redistribuyendo los recuerdos, volviendo a pensar los proyectos y equilibrando en otra dinámica íntima la dirección de los sentimientos.

El cómo se encuentra ese nuevo orden afectivo es el tema de la película, y el modo de hacerlo no es otro que el de ingresar al mundo del hijo, propio de una edad impregnada de aventura y misterio en la que se puede creer en bestias marinas.

En este sentido, piedra noche duplica indirectamente la experiencia de los padres en los espectadores: creer con los padres es creer en el cine.

Es notable que exista una película como la de Fund.

Con recursos mínimos puede transitar cómodamente la tradición del cine infantil asociada a Steven Spielberg.

Le bastó hallar una locación poco reconocible y misteriosa, aprovechar la luz de la noche en el lugar elegido, trabajar con ingenio el diseño sonoro y valerse de la eficacia de la sugerencia a través del fuera de campo para sostener un relato que tiene una dirección ineludible.

Eligió también buenos intérpretes, porque todos, incluyendo los dos secundarios (una amiga de la familia y un empresario) aportan algo al relato.

La tristeza infinita de Marcelo Subiotto y de Mara Bestelli (padre y madre) impregna cada fotograma.

Piedra noche fue escrita por Santiago Loza, un escritor y cineasta que ha trabajado con Fund en otras ocasiones.

Comparten una dimensión humana que suele escasear en el cine contemporáneo.

El discreto humanismo que fulgura en cada una de sus películas conjura el cinismo canchero y el odio ubicuo dentro y fuera del cine.

En efecto, los 87 minutos de piedra noche son una excepción a la regla, y no por eso se trata de una evasión.

Insistir sobre la delicadeza de los vínculos y el derecho a creer en clave de cine fantástico es una buena estrategia para tomar distancia de la realidad y volver a esta con el reparo que puede dispensar la ficción.

No es poco.

Para ver, funciones de “Piedra noche”Dirección: Iván Fund.

Elenco: Mara Bestelli, Marcelo Subiotto, Maricel Álvarez, Alfredo Castro y Jeremías Kuharo.

Guion: Santiago Loza, adaptado por Iván Fund y Martín Felipe Castagnet.

Fotografía: Gustavo Schiaffino.

Edición: Lorena Moriconi e Iván Fund.

Música: Francisco Cerda.

Sonido: Leandro de Loredo.

Diseño de producción: Adrián Suárez.

Producción: Rita Cine, Insomnia Films, Globo Rojo Films y Nephilim Producciones.

Duración: 87 minutos.

Horarios en el Cineclub Hugo del Carril.