Dante Sica: “La Argentina está a un paso de acomodarse en una inflación de tres dígitos”

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Fuente lanacion 12/06/2022

Dante Sica es economista y se desempeñó como ministro de Producción y Trabajo durante la presidencia de Mauricio Macri.

Hoy conduce la consultora Abeceb, que fundó hace 25 años y que se especializa, entre otros, en el tema de la industria.

–¿Por qué al Banco Central le cuesta tanto comprar dólares?–Este año va a ser muy ajustado el balance cambiario.

Estamos con el impacto de la mejora de precios a nivel internacional, hay una mayor liquidación de divisas, pero también hay una mayor demanda.

Hay un problema que se está observando que es la expectativa devaluatoria por el atraso del tipo de cambio.

Eso genera que los exportadores traten de subfacturar un poquito y de alguna manera llevan en el tiempo la liquidación de divisas.

Por otro lado, los importadores tratan de adelantar importaciones para aprovechar los dólares del Banco Central y las empresas aceleran los pagos al exterior.

Este año, además, tenemos mayor demanda de dólares por parte del turismo, cuando el año pasado esa actividad estuvo casi cerrada hasta junio.

Y también creció la demanda para atesoramiento: en cuatro meses tuvimos el mismo atesoramiento de los famosos 200 dólares por mes que durante todo el año pasado.

Creo que el Gobierno puede llegar a fin de año a cumplir la meta de acumulación de reservas con el Fondo, pero va a estar muy finito; cualquier desvío o situación externa no controlable puede hacer que los funcionarios tengan que aumentar el nivel de restricción en la disponibilidad de dólares.

Lo estamos viendo ahora.

–¿Con qué?–Hay toda una negociación con el sector automotor para tratar de garantizar los dólares para las autopartes y para algunas importaciones, para así tratar de completar la vidriera, entre comillas, que tienen que hacer las terminales a cambio de que no paguen durante seis meses los préstamos al exterior, o que en algunos casos esos préstamos los terminen capitalizando.

–¿Puede hacer eso la industria automotriz?–Ya lo hicieron el año pasado.

Venimos de dos años con cepo, y las empresas están en muchos casos reprogramando sus pagos al exterior.

Pueden hacerlo, pero lo fuerzan mucho.

Estamos ante una situación de dólares muy comprometida.

Estamos en precios internacionales récords en términos de intercambio, precios que no veíamos desde la última década.

El problema es que tenemos una fortísima incertidumbre, tanto a nivel local, como respecto de la economía global, y a eso se suma un exceso de liquidez en pesos que está forzando y está impactando en el mercado cambiario.

–¿Puede haber mayores restricciones sobre el dólar ahorro?–Las restricciones ya las tenemos.

El Gobierno todos los días inventa una restricción nueva.

El año pasado eliminó el financiamiento para los pasajes al exterior.

Eso tuvo un impacto hasta que el mercado volvió a acomodarse.

Hoy, el crecimiento que está teniendo la demanda de dólares por parte del turismo va a ser fuerte, en especial, porque estamos en un año de Mundial.

Para inventar restricciones, la creatividad del Gobierno es muy fuerte.

Cuando se mira el balance se observa toda la liquidación de exportaciones, que será seguramente será récord este año, y, por otro lado, hay una demanda creciente de importaciones.

La elasticidad de las importaciones ha crecido mucho, porque tiene más que ver con la expectativa devaluatoria y con la brecha cambiaria que con la recuperación o el sostenimiento del nivel de actividad.

El Gobierno está tocando el nivel de importaciones de insumos y en especial frena todos los bienes finales.

–¿La falta de dólares puede afectar la actividad?–Sí, porque se empiezan a tener problemas de inventario.

Hay líneas de producción que tienen menos disponibilidad de algunas piezas o insumos, hay falta de repuestos.

–¿En cuánto puede terminar la inflación este año?–Es la respuesta que todos estamos buscando.

La inflación viene creciendo todos los meses y nos estamos acercando a un piso de 70%.

Va a depender mucho de los próximos meses.

Si la inflación baja pero se queda en la banda del 5% mensual, estamos mucho más cerca del 80% que del 70%.

–¿Se puede terminar en una hiperinflación?–No, hoy el riesgo de hiperinflación es bajo.

Lo que es claro es que estamos en un régimen de alta inflación.

La Argentina está a un paso de acomodarse en un nivel de inflación de tres dígitos.

Creo que el acuerdo con el Fondo sirvió para, de alguna manera, disminuir la probabilidad de un evento disruptivo o de un proceso de hiperinflación, pero, claramente, si la política sigue jugando en contra, si el ruido político que está generando el Gobierno cada vez es más fuerte, no quiere decir que estemos exentos de ese riesgo.

Hoy es baja la probabilidad.

–¿Qué preguntan las empresas?–Las consultas de las empresas han cambiado notoriamente en el transcurso de los últimos meses.

Hasta el mes de marzo, la principal consulta estaba centrada en si el Gobierno firmaba o no el acuerdo con el Fondo.

Toda la expectativa estaba puesta en si íbamos a un escenario de default.

El programa no servía para cambiar la situación, pero sí para suavizar y anclar un poco las expectativas.

Luego de lo que pasó con el acuerdo con el Fondo, donde el oficialismo generó esta casi ruptura, lo que estamos viendo es que todas las preguntas e inquietudes por parte de las empresas están mucho más en lo que viene, que en lo que puede hacer el Gobierno.

Eso de alguna manera es preocupante porque estamos a 18 meses de la próxima elección.

Vemos a las empresas preocupadas por la transición y qué es lo que puede llegar a hacer la oposición con cualquiera de sus candidatos.

–¿Cómo analizar los efectos de la guerra en Ucrania?–La invasión ha generado una ventana de oportunidad muy importante para la región.

No solo hubo un impacto de costos, sino que vemos que muchos países, de Europa sobre todo, van a tener que empezar a trabajar sobre la seguridad alimentaria, hay muchos analistas y organismos internacionales que están hablando de la posibilidad de una hambruna.

En seguridad energética, el impacto de estos cambios geopolíticos hace que Europa tenga que reorientarse en términos de quiénes son sus proveedores de energía.

En materia de minerales, desde los que tienen que ver con los procesos productivos en el sector electrónico, al litio u otros elementos necesarios.

A su vez, todo lo que tiene que ver con agroquímicos, productos de los cuales también Rusia de alguna manera era un proveedor importante.

Otro de los sectores que va a ser muy importante es el de los servicios basados en conocimiento.

A su vez, hay un nuevo concepto de acortamiento de las cadenas de valor, producto de lo que habían sido los problemas de restricciones en la frontera, de logística y de abastecimiento en la pandemia.

Las empresas o las grandes cadenas de valor vuelven a ser cadenas más regionales.

Hoy se habla de que las empresas no solo están buscando cadenas más cortas para garantizarse al abastecimiento, sino también en territorios o ámbitos de paz.

Hace unos años se decía que América Latina era un territorio de paz y era un tema que parecía que no tenía mucho impacto desde el punto de vista de la rentabilidad económica; hoy las empresas están preocupadas por dónde viven sus ejecutivos, que pueden estar hasta sometidos en fenómenos nucleares, entre comillas.

Son temas que habían estado fuera de la agenda en los últimos años.

–¿Qué oportunidad hay para la Argentina?–Se genera una oportunidad increíble para toda la región y va a depender de los países, y en especial de la Argentina, que nos ordenemos internamente para poder aprovechar esa oportunidad.

Sino, solamente aquellos sectores que tengan una altísima rentabilidad pueden de alguna manera enfrentar las distorsiones que la macro o la incertidumbre regulatoria está generando.

–¿Estamos capacitados para ordenarnos internamente?–Este gobierno no está dando señales en ese sentido.

Entonces, quizás toda la expectativa está puesta en el próximo gobierno.

Claramente, ahí la oposición tendrá que presentar un programa muy consistente, no solo en materia macroeconómica y de estabilidad macro, sino también en cuanto a reformas estructurales y, en especial, referido a todo lo que tiene que ver con las cuestiones que incrementen la productividad, para poder aprovechar ese escenario tan importante que se abre.

Pensemos que, si ya tuviésemos cerrado el acuerdo con la Unión Europea (UE), hoy seríamos proveedores privilegiados de Europa.

–¿Es cierto que cuando usted estaba en el gobierno los empresarios no querían acelerar el acuerdo con la Unión Europea?–Hay muchos empresarios que le tienen mucho miedo a la competencia externa.

La Argentina ha funcionado como una economía muy cerrada, con muchos sectores que han estado muy protegidos durante mucho tiempo.

Tenían desconfianza en cómo había sido la negociación y la verdad es que fue muy equilibrada.

En la mayoría de los casos se respetaron los tiempos del empresariado y de las estructuras productivas argentinas.

–En la oposición ya se habla que no es gradualismo lo que habrá que hacer en la próxima gestión, sino shock.

¿Coincide con esa postura?–Estoy convencido de que el próximo gobierno tiene que anunciar un programa integral desde el primer día, desde el momento cero.

Tiene que construir, en los próximos 15 meses que tenemos por delante hasta la próxima elección, un mandato popular que de alguna manera legitime un programa de cambio estructural en la Argentina a partir del momento cero.

No podemos seguir haciendo lo que estamos haciendo.

Entre 1975 y 2021, la tasa de crecimiento tendencial fue de 0,7%.

Si mantenemos esa tasa tendencial, tardamos 150 años en duplicar el nivel de ingresos.

Eso es imposible.

–¿Cree que habrá apoyo de la sociedad? Y, además, en los políticos siempre está esa frase de que ‘si digo lo que voy a hacer, no me vota nadie.

..

’–Es cierto, pero creo que eso ha cambiado.

Hoy estamos en una sociedad muy heterogénea.

La Argentina ha dejado de ser esa economía de tamaño intermedio de ingreso medio, medio alto, con bajos niveles de pobreza.

Hoy somos una economía de ingreso medio, medio bajo, con 40% o más de pobreza estructural, en la que tenemos casi 5 millones de personas con trabajo informal y con problemas de productividad muy fuertes en casi todos los sectores.

Claramente, la situación de deterioro que tienen la economía y la sociedad argentina me parece que les está haciendo notar que seguir haciendo lo mismo no nos va a sacar de esta situación de pobreza; al contrario, nos va a seguir sumiendo en una situación cada vez de mayor caída en términos de la distribución del ingreso.