El desánimo y la rabia suben en el ánimo social de los argentinos

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Fuente lanacion 14/05/2022

Alfredo Casero, maestro del humor, se convirtió en comentarista de la realidad nacional.

Un día, en el programa del periodista Luis Majul, golpeó la mesa del televisor y se marchó maldiciendo.

Un prisionero del mal humor que produce Argentina.

Inseguridad y frustración.

También se trata de sus sentimientos.

Susana Giménez expresó una sensación de cansancio similar de una manera diferente.

Criticó al Gobierno por la situación del país e instó a los argentinos: "Ojalá el pueblo se levante y diga 'basta'".

La aceptación social.

Y quizás la voz de la parte de la sociedad, la clase media -quizás la clase media alta- que prefiere reflexionar sobre su descontento y no reaccionar.

El analista político Sergio Berenstein afirma: "No debemos caer en la tentación de generalizar lo que vemos en las redes sociales.

Un trending topic en Twitter no es lo mismo que un trending topic en la sociedad argentina", pero incluso cuando no hay manifestaciones masivas o cacerolazos, los argentinos expresan su descontento en las calles.

Están hartos de una economía que les obliga a la inflación.

Nueve de cada diez argentinos están preocupados por la situación general y no ven perspectivas de mejora en el futuro.

Más del 36% está "muy" preocupado por el presente y el 55% está "bastante" preocupado.

En cuanto al futuro, el 40% está "muy" preocupado y el 50% "bastante".

Y no hay diferencias de clase ni de región.

En comparación con Chile, Paraguay y Perú, Argentina es el país con mayor nivel de resignación y frustración.

Según un estudio de la consultora Trendsity, el sentimiento predominante es el miedo, seguido del cansancio y la miseria.

Y recientemente, el nerviosismo y la inquietud han aumentado.

Otro hecho es que los jóvenes están tan ansiosos por el futuro como otros grupos de edad.

"Existe una relación significativa entre la ansiedad y el nivel de confianza de las personas en los diferentes actores sociales [gobierno, medios de comunicación, organizaciones sociales]", afirma Pilar Filgeira, psicóloga (Conicet-UCA).

Los que expresan más insatisfacción tienden a mostrar una mayor desconfianza hacia los políticos y los periodistas.

"La gente llega a 2022 agotada y deprimida por dos años insoportables", dice Guillermo Oliveto.

Es difícil predecir a dónde conducirá este proceso de quejas y miseria.

Según los expertos, no sólo tiene que ver con la economía, sino también con su experiencia durante la pandemia.

La clase media esperó hasta el final del periodo de detención para volver a su antigua vida, pero se encontró con que sus bolsillos estaban vacíos cuando fueron liberados.

Y los políticos, lejos de dar respuestas eficaces a esta nueva crisis que se ha unido a las ya existentes, han volcado su energía en las luchas de poder, incluso entre los que conviven en la misma habitación.

La desesperación social y la ira se alternan.

Se alimentan mutuamente.

La sociedad está al final", describe Guillermo Oliveto, especialista en tendencias sociales y consumo y columnista de LA NACION.

La gente llegó a 2022 agotada y deprimida por dos años insoportables.

Anhelaban la paz, pero se encontraron con la guerra [la invasión rusa de Ucrania] y un nivel de tensión muy alto en el gobierno.

En otras palabras, la incertidumbre creció porque querían más previsibilidad y seguridad después de sobrevivir a la pandemia" La inflación hizo que algunos argentinos ya no pudieran alcanzar el nivel de vida que tenían antes del covento.

La clase media intentó retomar el consumo a corto plazo (conciertos, turismo, teatro, fútbol) para recuperar los hábitos perdidos, lo que Oliveto llama la "venganza de la vida".

Los más pobres tuvieron que ver cómo la inflación se comía sus escasos ingresos, que en muchos casos eran fruto de programas gubernamentales de futuro incierto, y cómo la escasa recuperación no creaba nuevos puestos de trabajo.

Tampoco fue fácil para sus hijos volver a la escuela, ni para los abuelos conseguir las medicinas que necesitaban.

Sin horizonte "La falta de acceso a algo grande y el mundo cada vez más lejano refuerzan la sensación de "no tener futuro" y "no tener proyecto", dice Oliveto.

La gente tiene la sensación de estar en una rueda de hámster.

Da vueltas y más vueltas, corriendo y corriendo, sin avanzar.

La sensación de no progresar en un entorno hostil y rasposo es abrumadora y exasperante.

Evoca una combinación de desesperación y rabia.

La frustración con los políticos es alta.

En los últimos años, según el analista Marcos Novaro, el sistema político se ha desplazado hacia el centro.

Novaro sostiene que en algunas partes de la sociedad existe hoy "una revuelta contra el centro político, que hizo un muy buen trabajo para estabilizar un país en crisis, pero que no logró reformarlo".

En este sentido, añade, "en el sistema político argentino, además de un cierto dominio del centro, también hay una radicalización desigual.

Desde hace dos décadas existe una izquierda radicalizada que no está equilibrada por una contraparte de derecha similar" Novaro cree que la aparición de Javier Milei, diputado nacional y líder de La Libertad Avanza, tiene sentido en este momento.

"Aparte de ser desequilibrado, equilibra el sistema", señala con humor.

"Mientras se mantenga en este juego político y no entre en un juego donde prevalezcan los extremos, todo irá bien.

Si lo hace, el centro se disolverá, como ocurrió en Brasil y Chile.

Y si desaparece, habrá fragmentación, segmentación, polarización y un sistema en el que todos pueden ganar, en el que es muy difícil encontrar consensos y en el que los gobiernos se vuelven muy rápidamente débiles e ineficientes.

Como sucedió en Brasil, y creo que sucederá en Chile: "Una dosis de iraAl mismo tiempo, no parece que se den las condiciones para que la escena local se radicalice.

Novaro cree que ni Susana ni Casero son "tan representativos", pero podrían ser el catalizador de los "cinco minutos de rabia" que vive gran parte de la población.

"Duran cinco minutos, luego la gente cambia de canal y quiere escuchar otra cosa.

No es que estas personas reflejen el estado de ánimo de la sociedad.

Sin embargo, reflejan un aspecto de sus opiniones que transmite una importante dosis de ira.

Pero no exageraría la importancia de esta contribución.

Yo no diría que es el tono de la mayoría.

Ni en lo ideológico ni en lo anímico", subraya, "hay pocas señales sociales en el horizonte hasta ahora.

Síntomas de ira.

Y los políticos saben que a estas alturas pueden ser presa del exceso.

Según la consultora Synopsis, las diferencias negativas en la imagen de los líderes políticos son 20 puntos superiores a las positivas.

Especialmente para los líderes de los partidos gobernantes, la imagen negativa supera a la positiva en más de 40 puntos.

Lucas Romero, responsable de esta consultoría, también señala el alto nivel de pesimismo en Argentina.

"Sólo se mantiene este nivel de pesimismo cuando se está en una situación de ira y rabia", dice.

Esto se debe a que, incluso después de la pandemia, las expectativas de futuro de la gente no se han recuperado.

El nivel de pesimismo sigue siendo extrañamente alto.

Y digo 'extraño' porque si pensamos que ahora vivimos mejor que durante la pandemia, es difícil entender cómo es posible que el pesimismo siguiera siendo el mismo entonces también" Más del 60% de las personas creen que la situación del país empeorará.

Hay otro componente a considerar: la frustración de no encontrar una salida a la eterna crisis nacional.

"En Argentina, la alternativa política no funcionó", dice Romero.

En 2015, la gente votó por una opción política distinta al partido gobernante para ver si los resultados cambiaban, pero no lo hicieron.

En 2019 volvió a cambiar el sentido de la elección, se eligió a otra fuerza política, y eso tampoco ocurrió.

Si la respuesta ofrecida por los políticos no es satisfactoria, esto afecta naturalmente a la relación entre la oferta y la demanda.

Entre los representados y sus representantes.

¿Cuáles son las consecuencias? Podría haber un comportamiento más caótico en la demanda electoral, en el sentido de que la gente empiece a buscar otros representantes que no tengan experiencia como representantes e incluso tengan propuestas innovadoras, como en el caso de Milla.

" El futuro es de incertidumbre.

¿Cómo llegaremos a 2023, que, por si fuera poco, es un año electoral? "En el filo de la navaja, como siempre", dice Berenstein, demostrando la ironía con la que los argentinos solemos interpretar nuestros fracasos.

Y cita al gran economista Juan Carlos De Pablo: "En Argentina siempre pasa de todo".

Luego añade: "Y nunca sabemos en qué orden" Las preguntas para el futuro son muchas.

¿Podría haber un ajuste caótico? Sí, podría.

¿Podría dar lugar a más problemas? Sí, podría.

Es imposible decir cuál es la probabilidad de que eso ocurra.

Sólo hay que mirar atrás en la historia para ver cómo las crisis han desencadenado acontecimientos que en otros momentos no habrían provocado episodios importantes.

Pero lo cierto es -continúa Berenstein- que todos los que esperaban una crisis dramática del kirchnerismo no la consiguieron, y Macri tampoco.

Y Macri, que supuestamente sabía cómo lidiar con los mercados, lo hizo.

Así que tenemos que adaptarnos a un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo", dice Berenstein.

Y sean humildes, porque los jugadores pueden determinar el resultado de lo que sucede.

Depende de sus elecciones.

Pero en cualquier caso, insisto, es muy difícil, desde el punto de vista analítico, trazar una ruta crítica de aquí a 2023" Mientras tanto, tenemos que ver cuántos se adaptarán.

Lo que ocurre en la sociedad.

Y utilizar el hecho de que, como dice Susana Giménez, los argentinos hoy no parecen querer que Argentina se derrumbe.

"Lo que dice Susana es en parte cierto", dice Novaro.

Son un pueblo manso.

Porque la verdad es que este país ha aguantado mucho en los últimos años sin grandes protestas sociales.

En comparación con lo que se ha soportado y volado en otros tiempos.

..

. Es cierto que estamos en una situación muy diferente, pero eso puede cambiar.

Queda por ver si el sistema político puede mantenerse a flote y si cuenta con los recursos suficientes para avanzar hacia el centro y proporcionar coaliciones.

Pero básicamente, si la sociedad tolera esta situación durante unos años más".