Escala el debate por el Champaquí: cómo reducir riesgos y rescates

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Fuente lavoz 28/10/2022

El Champaquí, el cerro más alto de Córdoba, se ha convertido en un emblema turístico de la provincia.

Pero es mucho más que un símbolo: en los hechos, se estima que unas 60 mil personas por año lo visitan para hacer cumbre en sus 2.790 metros.

Con la pospandemia y el auge del trekking de montaña, el movimiento fue en trepada: entre 1.000 y 1.500 personas por semana, según cálculos de cuarteles de bomberos de la zona.

El mayor volumen aumenta las chances de que se presenten dificultades, sean por extravíos o por razones de salud, en un sitio de altura que no todo el que llega tiene conciencia de lo que representa.

Un dato: la excursión tradicional desde Villa Alpina demanda 48 kilómetros de caminata en montaña, en tres días.

En los últimos días, el Champaquí se hizo noticia por los sucesivos operativos de rescate que debieron montarse.

En una semana, se movilizaron recursos de emergencias para un hombre que, viajando solo, se extravió en las alturas.

Luego, el miércoles, hubo otros por una mujer con síntomas de un ACV y por un grupo escolar con varios casos de vómitos: unos y otros fueron descendidos en helicópteros.

El jueves, otro contingente estudiantil fue asistido por bomberos voluntarios y personal policial especializado del Duar, también por presuntos malestares estomacales.

Champaquí: llegó la hora de cuidarloEn el hospital de Santa Rosa de Calamuchita se confirmó luego que no hubo casos de intoxicación en ninguno de esos grupos, sino algunos malestares por insolación y principios de deshidratación: cuestiones que podrían haberse prevenido.

Esas repeticiones, sumadas a la de un lamentable fallecimiento de una adolescente hace dos meses (fue el tercer caso que se recuerde en varias décadas de alta actividad), renuevan los debates sobre qué hacer para sostener el enorme valor de ese recurso turístico pero reduciendo riesgos y controversias.

Debate, hasta en el GobiernoDos cuestiones se entrelazan: primero, la salud y la vida de los extraviados o enfermos.

Luego, el costo que demanda al Estado y a los cuarteles de bomberos voluntarios de la zona, cada operativo de rescate.

El tema, por recurrencia, empieza a ser discutido también puertas adentro del Gobierno provincial.

“La frecuencia de los rescates ya preocupa porque la movilización de recursos que demandan es relevante.

Habrá que revisar las leyes.

Yo propondría que se fije una multa, cara pero pagable, a quien por negligencia o imprudencia genere costos de rescates”, señaló el secretario de Gestión del Riesgo, Catástrofes y Protección Civil de la Provincia, Claudio Vignetta.

Hay una ley que regula las excursiones de montaña en Córdoba.

Se aprobó en 2011, luego del sacudón por la muerte de una mujer en el Champaquí.

Esa norma establece la obligatoriedad de registrarse para acceder a los cerros Champaquí, Uritorco y Los Gigantes (los tres más convocantes).

Ese registro (ahora se gestiona online) opera como declaración jurada sobre el estado de salud del excursionista y, además, le hace aceptar que si por su negligencia debiera ser rescatado debería hacerse cargo de esos costos.

Una ley a “tocar”Desde su aprobación, ya se advertía que era inaplicable ese criterio de sanción.

En todo caso, sirve para generar alguna conciencia por temor.

Hoy se lo admite.

“Nunca se pudo cobrar nada a un rescatado.

Es impagable, porque se trata de montos millonarios.

Y demostrar la negligencia es muy complejo judicialmente.

Pasa lo mismo en otras provincias.

Por eso sugiero pensar en multas, más cercanas a la realidad”, apuntó Vignetta a La Voz.

De todos modos, el Estado no puede desentenderse de su rol: ante una emergencia, por lo que fuere, debe asistir.

El registro de acceso, además, no impide que la gente se enferme o se extravíe.

Pero, a la vez, no son pocos los que esquivan ese paso: hay múltiples vías de accesos a los cerros, que hacen imposible un control efectivo las 24 horas en todos los puntos.

El que quiera esquivar el registro, sabrá hacerlo.

No ocurre con los contingentes, que hacen la travesía con guías y refugios contratados, sino con quienes encaran en forma individual o en pequeños grupos la aventura.

Los extravíos aumentaron desde que se habilitó el camino al cerro Los Linderos, en la década de 1990.

Allí se llega en vehículo, y desde esa cima a la del Champaquí hay apenas 40 minutos de caminata en alta montaña.

Esa vía hizo que más personas, sin mayores precauciones, supongan sencilla la tarea.

Hasta que un golpe, un cambio repentino del clima o una “cerrazón” por niebla (que no deja ver a más de dos metros y que es habitual a esa altura), los deja aislados.

Las emergencias pueden diferenciarse por causas de negligencias o de infortunios.

Pero cuando ocurren, todas deben ser asistidas.

¿Qué hacemos?En 2017, la Regional Calamuchita de Bomberos Voluntarios –la que aporta más hombres, equipos y presupuestos a cada búsqueda– elaboró un proyecto para reducir riesgos de extravíos.

“El 80% de los casos se produce en un sector específico”, apuntaban.

“Nadie, ni un solo cartel, advierte sobre la importancia de reservar batería de un celular, o del riesgo del frío o de la niebla en la altura”, agregaban.

Colocar cartelería indicativa que sugiera horarios de ascenso y descenso, tiempo que demanda el recorrido y advertencias por el clima, era una sugerencia.

Otra, señalizar los senderos, con mojones que indiquen el recorrido sin afectar el paisaje.

También, mejorar las comunicaciones: “Sería muy útil más antenas de telefonía celular en zonas clave; la falta de señal en buena parte del cerro juega en contra”, señalaban entonces.

Consignas muy parecidas repiten ahora.

Diego Caliari, guía de montaña y presidente de la Asociación de Guías Quebrada del Condorito, opinó: “Debería haber una mayor comunicación y coordinación entre guías, prestadores y organismos afectados a los rescates, como bomberos, Duar y Defensa Civil.

No tenemos acuerdos o protocolos de acción.

Muchas veces se utilizan demasiados recursos cuando no se necesitan.

Y otras veces no están disponibles cuando hacen falta.

Por ejemplo, el Duar y el Etac subieron a buscar un grupo que ya estaba contenido, y a pesar del aviso de los guías subieron igual”.

Caliari planteó que “se debe profesionalizar la actividad de los guías, con mayor reconocimiento de los titulados y dejar de habilitar a prestadores que sólo hacen un curso básico, que supuestamente los habilita para actividades de riesgo bajo pero luego realizan las de riesgo medio o alto, con falta de controles”.

Un cambio en la ley en ese sentido se analiza en la Agencia Córdoba Turismo y en la Legislatura.

También Cagliari propone, ante la mayor demanda de excursionistas, “establecer un ratio de guías por clientes, porque es inviable que un solo guía conduzca grupos de más de 20.

Y hubo casos de uno para más de 100, donde se pierde la capacidad para resolver situaciones”.

Reclamó además una “mayor coordinación” entre todos los actores (Ambiente, Turismo y Gestión del Riesgo de la Provincia, los operadores de refugios y de viajes, baqueanos, bomberos y otros).

Los que están allíNelio Escalante es hombre de la zona.

Vive en Villa Alpina y lleva décadas operando excursiones desde uno de la decena de albergues en la base del cerro.

“Lo repito hace 20 años: para disminuir los extravíos, habría que hacer una buena señalización.

Y mejorar el control de acceso por el camino a Linderos, en horarios o días de mayor riesgo”, apuntó.

“Con estos últimos rescates, nos han tocado unos meses de mala suerte; están todos sensibles, más después de lo de la joven que murió tras una descompensación”.

Marcó que “días atrás bajaron en helicópteros a chicos con dolor de estómago y vómitos, y cuando se necesite eso para una emergencia seria, podemos no tenerlos.

Por eso hay que ver cómo se manejan esos protocolos”.

Escalante marcó que hay que ajustar criterios para asegurar la continuidad de la actividad.

“El ‘Champa’ es una experiencia que no se tiene que perder”, manifestó.

Mariano Bearzotti, guía de montaña en Calamuchita y dueño de la empresa de turismo aventura Alto Rumbo (con presencia en el Champaquí), planteó que “ha crecido el volumen de visitantes y deberían organizarse mesas de trabajo que incluyan a los refugios y a los guías, para que la solución surja de ahí”.

Apuntó que las noticias de rescates “terminan perjudicando a la actividad, porque cada vez menos colegios querrán autorizar viajes, cuando históricamente el porcentaje de problemas es mínimo respecto del total de excursionistas”.

Para Bearzotti “hay que mejorar la gestión del riesgo y del turismo, y existen especialistas para eso” y reclamó “trabajar para sostener este destino y no atacarlo con noticias sensacionalistas”.

De la Agencia Córdoba Turismo dependen los “sitios de riesgo” en montaña.

Su titular, Esteban Avilés, marcó que “hay sanciones establecidas por ley, pero antes de llegar a sancionar hay que trabajar en lo preventivo”.

Admitiendo que las normas existentes son de aplicación relativa, el funcionario respondió que “cuando las leyes no se aplican se tienen que adecuar”, y apuntó que “habrá que profundizar esquemas de responsabilidades, también de los municipios cercanos y de los guías autorizados”.

Bomberos, a las corridasLos cuarteles de bomberos cercanos al cerro llevan años asistiendo a varados, extraviados y afectados por lesiones en las alturas, pero también reclamando cuando se suceden situaciones evitables que les generan movilizar con frecuencia recursos humanos y económicos.

“Debería haber un control más permanente, que se tome nota en serio de cada persona que ingresa, que se le revise el equipo que lleva, que suba con ropa adecuada, que firme la declaración jurada y sepa que se debería hacer cargo del costo de su rescate.

También los guías deberían hacerse cargo”, acotó Lucas Reyes, actual coordinador de la regional 7 de bomberos.

Un sitio sustentableEl “Champa” es un emblema de Córdoba.

Una de sus maravillas.

Sostenerlo como destino turístico dependerá de dos acciones que lo hagan sustentable: reducir las chances de riesgos y mitigar el impacto en el ambiente y el paisaje del volumen creciente de visitantes.

Costos de las emergencias, para el Estado y para Bomberos Estimar el costo de un rescate no es nada sencillo, porque depende de muchos factores: complejidad y duración.

El número mayor aparece cuando se requieren helicópteros.

Claudio Vignetta, secretario de Gestión del Riesgo de la Provincia, señaló que si hubiera que alquilar esas naves, costarían 5 mil dólares por hora.

Como la Provincia cuenta con dos, su costo operativo roza los 1.500 dólares por cada hora (unos 430 mil pesos).

Luego, se suman recursos humanos y vehículos terrestres, dependiendo del caso.

En los cuarteles de bomberos también se generan gastos económicos que solventar por su cuenta (combustibles y desgaste de equipos y de vehículos) y disponen de recursos humanos (de agentes, que son voluntarios) para salir a cubrir la urgencia.

Cuando la emergencia radica en un infortunio (descompostura, herida, razones climáticas no previstas), las quejas por la asistencia se desvanecen.

Pero cobran más fuerza cuando se trata de casos de negligencia, de inobservancia (como las de los que encaran la travesía solos, sin guías, y sin “manejar” los riesgos de la altura) o cuando se desoyen las advertencias de pronósticos de malas condiciones climáticas.

Sobre el uso de helicópteros –el elemento más costoso– habrá quienes repliquen que su uso diario por parte de funcionarios gubernamentales en su tarea también podría calificarse de excesivo, dado su valor.

De lo que nadie duda es que ante una emergencia es responsabilidad del Estado asistir para evitar riesgos de salud y de vida.

En varias décadas, tres muertes en el cerroEn 2010 murió la primera excursionista en el Champaquí, al menos desde que décadas atrás empezó el “boom” de visitantes.

A los pocos meses, la Legislatura aprobó la ley que creó el Registro Provincial de Visitantes de Zonas de Riesgo.

La cordobesa María Diez (62) murió a causa de un cuadro de hipotermia: había viajado en auto por el cerro Los Linderos, con un guía no habilitado, que en medio de una repentina tormenta perdió el rumbo.

No llevaban ropa adecuada para la abrupta baja de temperatura que se dio.

El que ofició de guía fue condenado en un fallo judicial.

En 2015, Daniel Mercolin (50), también cordobés, murió por un ataque cardíaco mientras ascendía por la travesía “larga”.

En el registro de Villa Alpina no había dado cuenta de ningún tipo de afección en su salud, según confirmaron luego fuentes judiciales.

En agosto de 2022, falleció Sofía Fernández (17) mientras ascendía el cerro con un contingente escolar de Rosario.

El grupo llevaba guía y paramédico, incluso con desfibrilador para atender emergencias.

La autopsia determinó que murió a causa de patologías preexistentes (hipertiroidismo).

La Justicia acaba de resolver que no hubo responsabilidades penales a achacar y que la causa se archivaba.