Esteban Torres, un jockey que pasó de jugar al fútbol por dinero y un trabajo de ayudante de albañil a su primer gran premio en Palermo

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Fuente lanacion 04/05/2022

La imagen de un Esteban Torres manchado de lágrimas en la silla de su caballo Nieuwré, que dejó atrás a doce competidores en cuestión de minutos, superó incluso al propio jinete.

La victoria en el gran Premio República Argentina el pasado domingo en el hipódromo de palermo es la realización de un sueño después de perseguirlo durante casi 16 años y de intentar mil veces levantarse.

Su primera victoria en una carrera del Grupo 1 al más alto nivel internacional es lo contrario de lo que el mismo jinete dijo el 25 de agosto de 2015 cuando subió por primera vez al podio jerárquico y vio que el éxito estaba en camino a lo grande.

"Mis emociones están adentro, no las muestro muy a menudo", dijo ese día después de ganar el Clásico Diego White (G3) con la yegua Pepper's Pie en La Plata.

Tuvo que esperar casi siete años más para reclamar el codiciado trofeo y lo ganó en el concurso más importante para caballos adultos en la arena de Buenos Aires.

El gran Premio República ArgentinaEn 2004, Torres dejó Frías, la ciudad de Santiago de Chile donde nació y creció y donde desarrolló su afición por las carreras de caballos.

Fue allí donde empezó a competir de forma no oficial cuando era adolescente y "necesitaba ganar unas libras para vivir".

Antes de ir a Buenos Aires, su vida consistía en "quads en pistas de tierra, fútbol por dinero y algunos días trabajando como ayudante de albañil", recuerda este hombre que cumple 37 años el 28 de julio.

Y su fascinación por las provincias, en las que no había mucha actividad en ese momento, le impulsó a abandonar una zona alejada de su entorno habitual.

Por eso, cada vez que podía, viajaba a Catamarca, donde las carreras no eran frecuentes, y aunque estaba a unos 70 kilómetros de su casa, el viaje duraba más de dos horas.

Los partidos de barrio eran un divertimento juvenil sin la ventaja que tenía en el campo cuando jugaba en la posición de defensa.

Trabajar en la construcción era una herencia, la profesión de su padre.

"Siempre me han gustado los caballos y me han gustado mucho", insiste Esteban a quien le quiera escuchar, y su viaje en 2004 no fue casual.

Ese mismo año, reabrió la Escuela de Aprendices de San Isidro, donde comenzó su formación y formó parte del primer grupo que salió a las pistas cuando se reabrieron las instalaciones.

Desde su debut oficial en julio de 2005, Chuchu ha competido en casi 5.700 carreras y ha conseguido 382 victorias, de las cuales sólo ocho han sido este año.

Sin embargo, cuando cumplió los 20 años, pudo intuir que algo bueno le esperaba: tuvo un buen comienzo y ganó su primera carrera el 7 de enero en San Isidro.

Esteban vivía en un establo de Palermo, donde trabajaba con el entrenador Walter Suárez, hasta que se trasladó a Boulogne en 2006 con Paola Cor, cuyo padre Miguel, que había llevado a Torres a Buenos Aires, regresó a Santiago, dejándola en casa.

Paola sigue siendo su pareja y la madre de sus dos hijos.

Tras licenciarse en 2007, la fase profesional no fue fácil.

Una vez que dejan de perder kilos (una ventaja que tienen los jockeys hasta que llegan a las 120 victorias y se gradúan), hay menos trabajo para los aprendices en los grandes hipódromos, con algunas excepciones.

Torres no era uno de ellos.

Torres se rompió la muñeca una semana después de sobrevivir ileso a un cuádruple salto mortal en San Isidro en 2008.

Esta fue la última competición del peruano Jacinto Herrera en su país (siguió en Estados Unidos en 2014).

Fue él quien ganó la primera competición no oficial que palermo celebró en su pista de césped en 2011, antes de la inauguración del recinto deportivo.

Entre Pepper's Pie y Nievre, un caballo macizo que ha competido en cinco carreras y que generó emoción con su imponente estatura, pero que carecía de experiencia clásica, el hilo conductor es el entrenador de la pareja, Edgardo Martucci, cuyas medallas no fueron suficientes para sostenerlo cuando el dinero cayó.

"El propietario Nieuwré reapareció en mi vida en un momento en el que me planteaba si seguir con los caballos o dejarlo todo", admitió Gardy, que ha entrenado a varios campeones de su especialidad desde los años 80.

Fue un encuentro casual en un restaurante en 2019, tras el cual la asociación continuó, aunque la pandemia del Covid 19 obligó a interrumpir la competición durante casi seis meses.

La cuadra de Rodolfo Pedro Bora, un propietario vinculado al turismo, sobrevivió y ganó su primer gran Premio, Selexion, con la yegua Mumi Beach, también sobre 2.000 metros en palermo tras la reanudación de las carreras en 2020.

En cualquier caso, el jinete y el adiestrador siempre han sido iguales.

"Agradezco la confianza del preparador, que en una etapa determinada me hizo galopar o montar muy poco, pero siempre me tuvo en cuenta para el trabajo y me dejó montar siempre que pudo.

Es el resultado de la abnegación y el esfuerzo por un sueño", dijo Torres.

El último en salir, ganó a Nieuwré por una cabeza.

Como el tango de Gardel, pero a su favor.

Al igual que Torres, su noble potro no falló en la meta.