La caída de los ingresos: El consumo masivo ha descendido a un nivel inferior al de 2003

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Fuente lavoz 24/04/2022

Algo está pasando.

Los analistas llevan tiempo advirtiendo que las tensiones sociales relacionadas con la caída de los ingresos son elevadas, aunque no estallen: Lo son.

La inflación ya ha alcanzado el 78% previsto para este año.

Algunos sectores como el ocio y el turismo están viviendo un verano casi inexplicable: Daddy Yankee agotó las entradas en 30 minutos por el equivalente a la mitad de la pensión mínima.

Pero el consumo masivo en los supermercados no aumenta, y hay indicadores que comparan este escenario con los peores momentos desde 2001: Las promesas de recuperación del poder adquisitivo no surten efecto, las bonificaciones del gobierno y los aumentos de las prestaciones sociales son insuficientes, los márgenes de aprobación del gobierno están por los suelos y, lo peor de todo, nunca antes tantos argentinos se habían mostrado escépticos y pesimistas sobre el futuro.

Según una encuesta realizada por Poliarquía, el 53% de la población cree que los precios subirán mucho en los próximos meses.

Esta es la cifra más alta desde 2002.

El 55% valora negativamente la situación del país, superando la peor cifra registrada por el instituto demoscópico desde 2009, durante el primer gobierno de Cristina Fernández.

Lo más dramático, sin embargo, son los datos sobre lo que piensan los ciudadanos sobre el futuro: el 40% cree que la situación económica será peor dentro de tres años.

Esta es la peor cifra de toda la serie de encuestas de 15 años.

Parece que la capacidad de comprar cosas -o la promesa de consumo- ha perdido el efecto de alivio de la ansiedad que tenía en el pasado, según el analista Guillermo Olivetto.

La anestesia del consumo se pierde dada la magnitud de la inflación: la tasa nominal es alta, lo que significa que todos los precios van ya acompañados de muchos ceros.

Mil pesos, la denominación más alta de la moneda argentina, no alcanzan ni para un kilo de carne, y acaba de empezar la aceleración de las negociaciones salariales, con un ajuste de los salarios de una media del 5% mensual.

Todo esto se reflejará en los precios, y pronto los salarios volverán a caer, por lo que seguiremos teniendo muchos ceros en los precios.

Según Osvaldo del Río, responsable de la consultora Scentia, el gran consumo -es decir, todo lo que está envasado y tiene código de barras y se vende en grandes, medianas y pequeñas tiendas- es hoy el mismo en volumen que en 2003: "Tuvimos un punto cero en 1996, y el peor punto desde entonces fue 2003, no 2002 ni 2001", recuerda del Río.

"Pero hoy vivimos peor que en 2003, porque aunque la cantidad vendida es similar en términos de consumo, hay que añadir el crecimiento de la población, que ha sido del 21% desde 2003, por lo que todo lo que se tome en términos de consumo per cápita hace menos, y eso es porque nos hemos empobrecido", señala.

Y la mayoría de ellos, especialmente los autónomos, tienen dificultades para obtener más ingresos haciendo el mismo trabajo.

La carrera salarial que ya estamos viviendo -la semana pasada hubo varias negociaciones con aumentos de alrededor del 60% anual- afecta sólo al 40% de los trabajadores, los autónomos.

Esta carrera desigual entre rentas y precios se explica por tres razones.

La primera, por supuesto, es la inflación: en diciembre de 2019, antes de que comenzara la pandemia, la canasta mínima general para una familia de cuatro personas era de 38.960 pesos, mientras que el ingreso promedio de los argentinos era de 16.485.

En otras palabras, los ingresos familiares medios de 2,3 pesos cubrían los gastos.

Hoy, esta canasta de bienes ha subido a 89,690 pesos, y el ingreso promedio es de 32,192 pesos, lo que significa que se necesitan 2.8 ingresos para cubrirla.

Lo que falta es algo así como "medio sueldo" más por familia.

Y como este salario extra es improbable, tarde o temprano este consumo se reducirá.

2 El segundo punto es que los salarios, medidos en dólares, valen menos de la mitad de lo que valían hace cinco años.

El salario medio de Argentina, medido en dólares, alcanzó su máximo en noviembre de 2017 con 1.318 dólares.

Hoy está en 588 dólares, una caída del 55%.

Esta es otra forma de ver el impacto de la inflación.

Muchos bienes ligados al dólar se han vuelto inasequibles.

Y no se trata sólo de un viaje de ensueño a Miami: el seguro del coche cuesta ahora casi 100.000 pesos.

Cambio de opiniónEl tercer punto que hay que entender es que el significado del consumo en Argentina es completamente diferente después de la pandemia inflacionaria.

"Es una rara combinación de acontecimientos, un momento único que no puede entenderse sin comprender lo que significa la pandemia", dice Olivetto.

"El hecho es que los 'beneficios sociales' de este nivel de consumo quedan muy lejos de las expectativas de la gente, es como si apretaran un botón para aumentar su poder adquisitivo y no mejorara el estado de ánimo social", añade, "es cierto que en los fines de semana largos el turismo y los restaurantes explotan, las discotecas se llenan y los teatros están a tope.

La venganza por el confinamiento que la pandemia ha provocado durante mucho tiempo sigue en marcha.

También es cierto que para algunos sectores de la población, los pesos arden y hay que gastarlos.

"Pero todo es extraño", advierte Olivetto.

"Gasto los pesos que tengo, trato de disfrutar sin pensar en el futuro, vivo el hoy, canto y grito y salto.

..

. pero nada me da satisfacción en mi interior.

Me sumerjo en este consumo escapista para huir de la opresión de la vida cotidiana y de la incertidumbre, pero luego tienes que volver y te sientes mal porque la calle es muy inquieta, muy aguda", explica el consejero.

¿Será porque la inflación lo aplasta todo a la vez? ¿Es porque cada centavo es muy poco? El bono (IFE 2022) anunciado la semana pasada por el presidente Alberto Fernández y el ministro Martín Guzmán es de 18 mil pesos y se pagará en dos cuotas en mayo y junio.

El anuncio fue una sorpresa porque nadie lo esperaba, pero en términos de valor de la mercancía, estos pesos equivalen a 10 kilos de carne y cuatro kilos de mate.

Teniendo en cuenta la inflación, debería haber sido de 21.700 pesos para replicar los 10.000 pesos del MFE 2020.

¿Será porque la dirigencia política demuestra una vez más que no está a la altura de las exigencias de la sociedad y sigue atrincherada en sus propios círculos, por ejemplo, luchando por un puesto en el Consejo de la Magistratura? ¿Podría deberse a una frustración profunda y casi irreversible? Olivetto es categórico: el consumo ha perdido su efecto ansiolítico, ese axioma innegable en el que se apoyó Argentina en la estabilidad de los 90 y al que se aferró tras el fiasco de 2001.

"Lo llamo crisis de sentido: ya no es el por qué, sino el para qué.

Es una crisis que ocurre en todo el mundo por el impacto emocional de la pandemia, pero en Argentina tiene un doble efecto: se supera la pandemia y la gente se enfrenta a una inflación que no puede afrontar porque nunca la ha vivido en esas condiciones.

Aparte de que los aumentos de ingresos no tienen hoy el mismo poder "curativo" que en otras épocas, las cosas empeorarán si los salarios no se mueven y los precios siguen subiendo al mismo ritmo que en el primer trimestre.

"En los años electorales, a veces se aumentan los salarios, pero este no es el caso.

Los primeros meses del año son mejores gracias a los acuerdos alcanzados, pero estas negociaciones pondrán en marcha el engranaje y, aunque tardaremos unos dos meses en notarlo en el consumo, este fenómeno aumentará la inflación porque si no se genera inversión, nos pasará lo mismo que cuando suban los precios", dijo Del Río.

"Todos los negociadores están negociando a un ritmo importante, el comercio lleva tres tipos del 6% y luego dos al mes del 10%, confirma el ritmo de subidas salariales del 5% "No veo una desaceleración significativa del consumo, es más un problema de oferta que de demanda.

No veo a los empresarios preocupados, no porque la demanda haya caído, sino porque están preocupados por cómo extraer dólares del banco central para importar insumos y satisfacer la demanda", añade.

"La rapidísima indexación sugiere una alta inflación", advierte el economista Andrés Borenstein, director de Econviews.

"La situación es insostenible y la gente lo está pasando mal en los suburbios de las ciudades.

La clase media pende de un hilo, y aunque no soy optimista sobre el próximo año y medio, creo que es improbable una hiperrecesión o una hiperinflación", afirma.

"¿Puede la economía aguantar hasta 2023? ¿Puede el consumo seguir bajando y las familias seguir ajustándose sin que pase nada? "Objetivamente, diría que sí, que el margen está ahí porque el mundo demanda lo que produces, los precios de lo que produces son muy altos y tienes la tecnología para aumentar la oferta, pero luego le añades el nivel de delirio que tiene Argentina, donde compiten entre ellos por un puesto en el Consejo de la Magistratura y estoy perdido", dice Dal Poggetto.