La polémica por el show de Ulises Bueno que no fue: que el árbol no tape el bosque

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Fuente lavoz 25/06/2022

Una mamarrachada.

Así podría caracterizarse, sin entrar demasiado en internas políticas ni suspicacias detrás de escena, lo ocurrido con el show en el que Ulises bueno pensaba festejar su cumpleaños 37 en un Parque Sarmiento colmado de seguidores.

Sin embargo, lo que iba a ser una celebración para el cuartetero –recientemente distanciado de su anterior productora– terminó en escándalo.

48 horas antes de que se llevara adelante el concierto gratuito, se conocieron imágenes de la propuesta presentada por el equipo del músico al municipio y algunos detalles desnudaron una discrecionalidad que ya no llama la atención.

“El día 26 de junio es mi cumpleaños número 37 y quiero aprovechar la oportunidad de celebrarlo con todos los vecinos de la ciudad que me vio crecer, y nada mejor que celebrarlo con un gran show para todos y todas con entrada gratuita”, se lee en el texto dirigido al Secretario de Gobierno Miguel Siciliano y al Director de Turismo Pablo Bianco.

Hasta ahí una idea altruista de parte de un artista metido de lleno en el corazón de muchos cordobeses, ¿o no?Sin embargo, esa misma carta planteaba una condición de por sí polémica.

Desde el equipo del cantante se subrayaba que “quien suscribe trabaja únicamente con la productora Enjoy Night” y se solicitaba “que dicha empresa sea la que organice todos los aspectos del show”.

Además, se adjuntaba un presupuesto desarrollado por la productora en el que, sin desglosar ítem alguno, se tasaba en 43 millones de pesos el costo total para un evento de este tipo.

La necesidad de hilar más fino: indignación, ¿y después?Cuando la carta de bueno tomó estado público el jueves por la tarde, comenzó un alud irrefrenable que menos de un día más tarde derivó en la suspensión del show que iba a ser el inicio de la temporada invernal en la ciudad.

Si bien bueno expresó que su propuesta era actuar en forma gratuita y “regalar” el show a los vecinos de la ciudad, lo cierto es su exigencia de trabajar con una empresa determinada (teniendo en cuenta que la carta fue presentada 15 días antes de la fecha del evento propuesto) y con un presupuesto sin detalles específicos resulta cuanto menos desprolija.

No obstante, vale la pena ir más allá de la indignación inmediata para evitar ciertos lugares comunes que se han presentado en los múltiples análisis que ha tenido el tema.

En ese sentido, poner el foco en el costo del evento (que fue valorado como “alto” por algunas productoras de espectáculos, pero defendido por otras como razonable) y no en la forma en la que se presentó la propuesta supone un desvío del foco principal del escándalo.

43 millones de pesos es una cifra de dinero que puede resultar chocante para los ciudadanos de a pie, pero es necesario ponerla en contexto.

No sólo por la cantidad de puestos de trabajo que se vehiculizan en este tipo de eventos, y por el derrame económico que generan, sino también por el peligro siempre latente de demonizar a la cultura como un ámbito ajeno a las necesidades básicas de la población.

¿La cultura no era esencial?Al igual que lo sucedido con el espectáculo de Pepe Cibrián, que también tuvo que ser cancelado luego de la polémica por un presupuesto millonario, el caso Ulises volvió a ser comidilla para algunos comunicadores y opinólogos que, sin entender demasiado la complejidad del universo analizado, salieron a defender a capa y espada la necesidad de que el Estado no realice este tipo de gastos cuando hay problemáticas supuestamente más urgentes.

Poner el centro de la discusión en el monto de una producción así y en lo superfluo que resulta una erogación de ese tipo en un contexto de crisis sistémica (y de tragedias vinculadas a la crudeza del invierno) es lo más parecido a patear la pelota a la tribuna.

La cultura también es un derecho y este tipo de escándalos no ayudan en absoluto a legitimar un ámbito que, pese a prejuicios históricos, muestra un desarrollo creciente y una profesionalización en la mayoría de sus áreas.

Ulises Bueno, que tuvo que pagar el costo político de una irregularidad mayúscula, es responsable por haber prestado su nombre a una propuesta endeble desde lo administrativo.

Eso no significa, sin embargo, que cualquier evento de este tipo sea sinónimo de gasto injustificado o de despilfarro.

Que el show del cuartetero se haya cancelado es una consecuencia inevitable de un escándalo que surgió a partir de una filtración y que aviva las internas tanto a nivel municipal como en el universo cerrado de la música popular más representativa de Córdoba.

Pero a la hora de la reflexión, es fundamental no perder el eje central de la discusión: la cultura no puede ser ajena a las inversiones esenciales que debe hacer un Estado para pensar en el desarrollo de su ciudadanía.

Ulises bueno y su equipo de trabajo no estuvieron a la altura.

No obstante, eso no significa que los espacios y las conquistas ganadas por el sector cultural tengan que irse por la borda de la noche a la mañana.

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