Las Islas Salvajes de Madeira, referente entre las áreas marinas protegidas

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Fuente infobae 13/08/2022

Lisboa, 13 ago.

Las Islas Salvajes, un paraje remoto en medio del Atlántico que pertenece al archipiélago luso de Madeira, se ha convertido este año en la mayor área marina con protección total de Europa y el Atlántico Norte, un referente mundial en medio de la demorada carrera por proteger los océanos.

La reserva de las "Selvagens", 250 kilómetros al sur de Madeira y que depende administrativamente de este Gobierno regional, contaba hasta ahora con un área protegida de 95 kilómetros cuadrados.

Este 2022 ha visto ese espacio multiplicarse por 27, hasta los 2.677 kilómetros cuadrados, y ha estrenado un régimen de "protección total" que prohíbe todas las actividades extractivas, incluidas la pesca o la explotación de materiales inertes.

Es un paso que ha sido aplaudido por los expertos en el medio marino.

EJEMPLO A SEGUIR"Demuestra liderazgo, una actitud diferente a la que estamos acostumbrados para preservar nuestros océanos, y sirve como ejemplo a seguir por otros líderes mundiales", asegura a EFE el biólogo Paulo Oliveira, del Instituto de Conservación de la Naturaleza y los Bosques de Madeira.

En las Salvajes, integradas por dos islas principales y varios islotes, hay especies endémicas pero también es una zona de paso de especies migratorias, como tiburones y atunes, que quedarán también bajo el nuevo paraguas de protección total.

Pero las áreas más profundas de la reserva aún no son totalmente conocidas, por lo que "no se puede descartar la posibilidad de que se encuentren algunas especies de gran importancia para la conservación de la naturaleza", señala Oliveira.

"Las salvajes son uno de los grandes ejemplos de áreas marinas protegidas", coincide la bióloga marina Bárbara Costa e Horta, del Centro de Ciencias del Mar de la Universidad del Algarve, que destaca a EFE que, a diferencia de otras zonas portuguesas, esta reserva cuenta con equipos de monitorización "in situ" las 24 horas.

A pesar de ser una zona "semipristina", refiere Costa e Horta, las salvajes eran escenario sobre todo de cierta pesca industrial, procedente de lugares como las Canarias, las Azores o la costa africana, pero a partir de ahora esas actividades quedarán totalmente prohibidas.

Sólo se permiten actividades "compatibles" con los valores naturales de las islas, como el turismo científico y de naturaleza de bajo impacto, la investigación o la educación ambiental, siempre bajo autorización.

POCO IMPACTO EN LA PESCADesde el Gobierno de Madeira esperan que los impactos del nuevo área protegida entre los pescadores del archipiélago, que usaban las aguas alrededor de las salvajes "de forma residual" y en su mayoría para pesca con caña, sean "diminutos".

"Esta flota captura, sobre todo, atunes, que son animales que migran y, como tal, no permanecen en el interior de la nueva reserva marina", explica a EFE la secretaria regional de Ambiente, Recursos Naturales y Cambio Climático de Madeira, Susana Prada.

Madeira está inmersa en las conmemoraciones de los 50 años de esta reserva natural, que incluyen dos expediciones a las Islas Salvajes, una de carácter político y otra más enfocada al trabajo científico.

Esta última llevará a las islas a especialistas para sacar una "fotografía" de cómo está la reserva en su 50 aniversario, para poder repetirla dentro de otros 50 años y evaluar los progresos.

RETRASOS PARA PROTEGER EL 30 % DEL OCÉANOLa Estrategia de Biodiversidad de la Unión Europea aspira a tener el 30 % de los océanos protegidos para ese año, la misma meta que se está negociando a nivel global.

La mejora aplicada a las salvajes es un "gran avance", considera la bióloga Costa e Horta, pero Portugal, como el resto de países, está "retrasado" en esos objetivos.

"Tenemos que acelerar", insta la especialista, que apela a "reforzar" los compromisos con "voluntad política".

Por ahora, el otro archipiélago luso, Azores, ya se ha comprometido a proteger el 30 % de sus aguas, el 15 % con protección total.

"Necesitamos de verdad un océano sano, no sólo por su conservación sino por todo lo que depende de él", sentencia Costa e Horta.

por Paula Fernández