Los Parques Nacionales se tiñen de colores para percibir a visitantes

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Los Parques Nacionales viven en primavera una explosión de colores y aromas por las masivas floraciones que tiñen los paisajes, impulsados por el calor que empieza a llegar desde el norte cara las latitudes más australes, una ocasión única para ser visitados por quienes procuran la contemplación de la naturaleza.
Fuente Noticias de turismo .com.ar 24/09/2018


Cada conjunto de flores que se divisa en los recorridos por montes, bosques y selvas consigue transportar al observador desde la admiración hasta las leyendas locales sobre amores ancestrales y otras opiniones populares aún recordadas por los relatos de guías y pobladores.

de esta forma, una gran parte de la vegetación nativa pone en juego la fase más vistosa de sus estrategias reproductivas: un proceso de duración variable que empieza con la aparición de la flor y que, una vez fecundada, culminará con la generación de una semilla con el potencial de dar origen a un nuevo individuo.

la primavera en los Parques Nacionales deja gozar de esta etapa vital en que las especies florales despliegan sus atractivos para dar sitio a la polinización, clave en su ciclo de vida particular y para su supervivencia como especie.

los lapachos se presentan en sus versiones: rosado, amarillo, negro y blanco que en esta época coronan con manchones (mayormente rosas y amarillos) los verdes del monte y la selva del norte argentino.

El lapacho rosado es el más difundido, y se puede observar desde el Parque Nacional Río Pilcomayo, en el norte de Formosa, hasta en las yungas de los parques nacionales Calilegua, El Rey y Baritú -entre otros muchos- y la Reserva Nacional Pizarro, que lo incluye en la ilustración de su distintivo.

"También en la selva paranaense es muy común, con lo que los visitantes que lleguen al Parque Nacional Iguazú por vía aérea podrán gozar ya antes de aterrizar de esta vista inusual plena de colorido", destacaron a Télam fuentes de la Administración de Parques Nacionales (APN).

Otra flor que se aúna a los distintivos es la que nace de la enredadera famosa como pasionaria o bien mburucuyá, que da su nombre a la localidad correntina de Mburucuyá y al parque nacional homónimo en el ámbito oeste de los Esteros del Iberá, donde es frecuente verla sobre cercos y postes o bien enmarañada en viejos leños.


Tras la explosión vernal inicial, el ciclo continúa con otras floraciones en el norte y centro del país, con los jacarandás y sus pétalos violáceos de la primera floración; los cardones con flores-embudo de pétalos blancos con tintes rosados; los tabaquillos y espinillos en las sierras -estos últimos tapizados de flores amarillas y perfumadas-, además de cientos de arbustos y yerbas que aportan sus respectivas inflorescencias para llenar el cuadro.

El calor avanza lento cara el sur y al llegar a los Andes de la Patagonia también inaugura este ciclo de floración local, como en el caso de los notros que muestran desde el Parque Nacional lanín hasta el del Tierra del Fuego sus coléricas flores rojas para anunciar la primavera entre lagos y montañas en una franja de dos mil kilómetros.

Más tarde, otras flores seguirán ese camino para colorear los faldeos de las regiones andinas, como preanuncio del verano patagónico, como es el caso de los arrayanes y sus flores blancas; las distintas mutisias, con la Quiñilhue o bien naranja, y el singular amancay, que espera un tiempo más a fin de que sus pimpollos revienten de amarillo, cerca de enero.

Entre esta paleta de distintos y también intensos colores, los Parques Nacionales invitan a recorrer incontables senderos ahora decorados de un modo singular por la naturaleza, en estado de ebullición.