¿Los viajes, los servicios por “streaming” y los termos ponen en jaque a la economía?

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Fuente lavoz 24/07/2022

Aun antes de la renuncia del ministro Martín Guzmán, las principales variables económicas venían mostrando desequilibrios y distorsiones en casi todos los sectores relevantes: el monetario, el cambiario y el fiscal.

El manejo fiscal del Estado nacional, en lo que va del año, muestra que se gasta a una velocidad que supera en más de tres veces el crecimiento de los ingresos: 14% real del gasto primario versus 4% de crecimiento de los ingresos totales.

Para poder mostrar un resultado primario en línea con las metas cuantitativas periódicas acordadas con el FMI para la primera mitad del año, se debió recurrir a la contabilización de ingresos extraordinarios por rentas de la propiedad, maniobra que al ser advertida por su magnitud no podrá repetirse en adelante.

Más allá de algún relajamiento en las metas intraanuales en la última revisión técnica del acuerdo, quedó firme el objetivo de un déficit primario del 2,5% del PIB, que por el lado del gasto primario demandará ya no un freno, sino directamente una reducción.

Silvina Batakis, a cargo del segundo semestre, habría anotado esta desafiante situación.

Anunció dos medidas que buscan incrementar los ingresos: aumento en el impuesto sobre el dólar tarjeta y revalúo inmobiliario.

La primera, en rigor, es un anticipo por lo que es un ingreso para el fisco hoy, pero por devolver el año que viene (sin actualización por inflación).

El alza de la presión tributaria sobre inmuebles urbanos y rurales rendirá sus frutos, en el mejor de los casos, en 2023.

El gasto en la miraAsí, el peso del ajuste recaería sobre el gasto.

Por este lado, planteó la unificación de la caja nacional y el congelamiento del ingreso de personal.

Lo primero puede colaborar con un ahorro cifrado oficialmente en 0,7% del PIB.

El efecto sobre el gasto de contener el crecimiento de la cantidad de empleados públicos dependerá de lo que ocurra con los salarios.

En lo que va del año, esa partida creció 11% real versus 2021.

Un rubro clave son los subsidios energéticos.

La quita de subsidios y segmentación de tarifas en marcha involucraría tarifa plena para 10% de los usuarios.

Para el resto, hay garantía de que seguirá el atraso tarifario en diferentes grados.

Es decir, no habrá un ahorro relevante este año que, incluso, puede cerrar con un peso mayor al de 2021 debido a los aumentos de los precios de la energía.

Quedan como candidatos al recorte las transferencias a provincias (las de capital vienen cayendo), y el gasto en obra pública, que en la primera mitad del año creció a buen ritmo a pesar de no ser este un año eleccionario.

Por el peso de estos componentes, no alcanzaría ni con llevarlos a cero para lograr el resultado anual comprometido.

El principal rubro del gasto nacional, es decir, las jubilaciones y pensiones, tiene una evolución predefinida por la ley de movilidad vigente, por lo que no habrá más ajuste por ese lado que el que imponga la propia aceleración de la inflación.

El desahorro público es, por definición, una política fiscal expansiva.

Batakis se mostró defensora de que el Estado no busque ahorrar cuando la situación social es mala.

Y la situación social es alarmante atento a cualquier indicador que se consulte: pobreza, indigencia, infraestructura básica.

Es allí donde entra en escena la autoridad monetaria.

El BCRA actuó como el prestamista de última instancia al que se recurrió en la pandemia, pero también en períodos no pandémicos en los que no se contaba con crédito internacional.

La elevada emisión para financiar al fisco nacional es otra de las variables para las que el acuerdo con el Fondo planteó un dique: que no superen el 1% del PIB en todo el año (fueron de 7,3% del PIB en 2020 y del 3,7% en 2021).

Ese dinero impreso no puede lanzarse a la economía en el contexto inflacionario de los últimos años, así que se absorbe del mercado a través del endeudamiento del BCRA con los bancos a través de instrumentos como las Leliqs.

El costoClaro que para captar estos fondos bancarios se paga un interés y, en cada nueva licitación, se debe emitir para pagar esos intereses más la renovación del stock de letras.

Se armó una verdadera bola de nieve que actualmente llega a los $ 7,2 billones; en la primera mitad del año el pago de intereses que tuvo que afrontar el Central fue equivalente al 1,1% del PIB.

Cada mes se pagan por intereses al sistema financiero tenedor de Leliq fondos equivalentes al 40% del gasto nacional en jubilaciones y pensiones contributivas.

Además, la última quincena de la gestión, Guzmán dejó otra novedad: la emisión de unos $ 650 mil millones asociada a la compra de títulos públicos en el contexto del derrumbe de sus cotizaciones, absorbida con pases.

Esta práctica continuó casi sin cambios de magnitud en la primera quincena de la nueva ministra, en que la intervención del BCRA para sostener los bonos del Tesoro sumó unos $ 500 mil millones más.

Un tercer frente de batalla es el mercado cambiario.

La disparada de los múltiples tipos de cambio desde la asunción de Batakis muestra la incertidumbre sobre la política económica, y reactualizó la práctica de usar las divisas como vehículo de ahorro y cobertura.

La incertidumbre parece haber sumado una marcha más a la huida del peso, es decir, un aumento de la velocidad de circulación del dinero doméstico.

Este es otro de los elementos que ayudan a acelerar la inflación.

El acuerdo con el FMI para fin de año involucra acrecentar las reservas netas en U$S 5.800 millones.

En la primera mitad del año, mejoraron en U$S 794 millones.

Ese incremento se dio en un contexto de entrada récord de divisas provenientes de la exportación de sectores con precios internacionales elevados fruto del contexto internacional.

El sector de oleaginosas y cereales registró exportaciones récord en el primer semestre, explicadas por los precios de nuestras exportaciones, ya que las cantidades liquidadas están por debajo de lo habitual.

Las importaciones de energía absorbieron parte de estos dólares, al igual que insumos y bienes de capital.

La imposibilidad de acumular reservas en este período enciende una alerta sobre la segunda parte del año.

Luego de septiembre se ralentizan las liquidaciones de las agroexportaciones y el balance cambiario tiende a empeorar acorde con las estadísticas de los últimos años.

Esos datos van en contra de la explicación oficial sobre que se espera una mejora.

Si esto fuera así, no encontraría explicación la necesidad de obstaculizar las compras al exterior, o restringir el acceso a la divisa para servicios y turismo.

Si bien es cierto que el turismo emisivo acumuló en los cinco primeros meses del año la misma salida de dólares que todo 2021, su nivel (U$S 2.600 millones) está muy por debajo de los años anteriores.

De todos modos, pisar esta cuenta, o la posibilidad de adquirir bienes y servicios importados durante algunos meses, no será la solución de fondo para que todo el andamiaje productivo argentino, que requiere de insumos importados a lo largo de todas sus etapas, no siga un rumbo de colisión.

*Director del Instituto de Investigaciones Económicas de la Bolsa de Comercio de Córdoba