Luz, cámara ¡dron!: dos pilotos que desde Córdoba trabajan en lo más alto de la industria audiovisual

Noticias de turismo de argentina y el mundo

Fuente lavoz 13/08/2022

Desde hace varios años, ser piloto de dron pasó de ser un hobby a un oficio (y muy bien pago), al menos para un puñado de entusiastas amantes de hacer volar estos aparatitos que para muchos siguen pareciendo futuristas.

La tecnología permitió que nos fascináramos con tomas aéreas casi como algo rutinario en los medios audiovisuales, y el propio desarrollo de los aparatos hizo que la oferta de imágenes cenitales y “flotantes” se complejizara a puntos insospechados hasta hace poco tiempo atrás.

Hoy, esas tomas y fotos están presentes en películas, documentales y publicidades como algo común, imprimiendo grandilocuencia o vértigo según la especialidad de vuelo de dron que se trate.

En Córdoba hay dos pilotos que se convirtieron en referentes a nivel nacional en lo suyo, y cuyas imágenes ya han sido solicitadas en una larga lista de rodajes.

Se trata de Francisco Argañaraz, conocido como “Chako”, y Agustín Barrigó, cuyo apodo, “Un Guaso”, se convirtió además en su nombre y marca en su ámbito.

De profesión, piloto de dronAgustín estudió periodismo, pero desde hace cinco años se dedica a hacer filmación y fotografía aéreas.

“Cuando compré los drones, hace nueve años, siempre fue pensando en laburar.

Por entonces no había casi nada de esto en Córdoba”.

Chako, en tanto, hace tres meses que hizo la transición por completo a este oficio, aunque es ingeniero en Informática.

“Laburé en relación de dependencia los últimos 12 años y empecé con esto desde hace un par de años como hobby, pero después lo fui profesionalizando un poco más, haciendo laburitos porque me divertía hasta que hoy es mi trabajo fijo”.

Chako es un amante de la tecnología, algo clave para el tipo de drones que vuela él, denominados FPV (first person view en inglés, es decir, “vista en primera persona”), dado que tiene que armar su propio dron y programarlo.

Su pasión comenzó de casualidad: “Un compañero de trabajo me mostró un día un video y me dijo que iba a armar un dron, y ahí vi que se volaba con unos lentes en los que vos veías la cámara del aparto en primera persona, como si fueras adentro, piloteándolo.

Así que compramos los dos de una página de Estados Unidos y nos llegó a la semana, los armamos y estábamos todo el día tratando de esquivar árboles, chocando y rompiéndolo hasta aprender”, rememora.

La especialidad FPV tiene un costado deportivo, incluso federado, con la Federación Argentina de Aeromodelismo, donde Chako también compite en carreras de velocidad.

Cada tanto, en ESPN se puede ver la competitiva liga norteamericana de la especialidad, en un deporte que parece salido del futuro o de una película de ciencia ficción.

“Hay otro tipo de estilo que se llama freestyle que es para hacer piruetas y meterse en huecos, hacer loops, cosas así que empecé a subir a mi cuenta de Instagram”, detalla Francisco.

Como él se da maña, desarmaba las cámaras GoPro y hacía drones más livianos y con hélices protegidas para poder volarlos cerca de gente.

Eso le abrió las puertas comercialmente hablando para trabajar en eventos de todo tipo.

En la pantalla grandeAgustín en tanto, se especializó en otra variedad de vuelo, con drones estabilizados.

“El equipo se vuela distinto porque tiene asistencia de estabilización y mantiene el horizonte.

Se usa para cosas distintas: el FPV logra imágenes más vertiginosas y el dron estabilizado se usa para planos más cinematográficos.

Yo vuelo con FPV sólo por hobby y para ablandar los dedos, no laboralmente”.

De hecho, los planos de Agustín se pueden ver en infinidad de películas como Granizo (con las elogiadas tomas aéreas de Córdoba), La noche más larga (la película sobre el violador serial de Moroco Colman), Iosi, el espía arrepentido (la serie de Amazon Prime Video con Natalia Oreiro) y la serie Street Food de Netflix (en el capítulo de Argentina), entre otros tantos trabajos.

Ambos trabajan a full y a nivel nacional.

“En La Pampa es la única provincia en la que no volé nunca”, repasa Agustín.

“He hecho producciones para Turismo, publicidades, en Parques Nacionales.

..

Córdoba por ahí es un mercado chico en ese rubro, porque las películas que se filman acá son independientes y las publicidades suelen ser del Gobierno, así que tenés que abrirte”, sintetiza Barrigó.

En el rubro de FPV no hay tanta competencia.

No hay mucha gente haciéndolo profesionalmente y además requiere un perfil tecnológico y técnico, para saber arreglarlo, armarlo y desarmarlo, y entrenamiento para el vuelo, porque en términos generales se vuelva en un modo que es totalmente libre y en el que incide el viento y las condiciones externas.

Las cámaras van en un ángulo fijo y no se pueden mover como sí permiten los drones estabilizados, que dejan por ejemplo volar en un sentido mientras la cámara va en otro.

Lo que sí hay es cada vez más gente que empezó a pilotear drones como hobby y esparcimiento, coincidiendo también con las mejoras en la tecnología que permitieron reducir el tamaño de los aparatos y a la vez hacerlos más seguros y protegidos.

“Para mucha gente es una linda diversión, pero que en un futuro puede ser visto como una salida laboral”, vaticina Chako sobre la base de su propia experiencia.

Aprender a volar por su cuenta Ellos, en ambos casos, son autodidactas, apelando al viejo método de la prueba y el error.

Agustín: “Cuando yo empecé a volar éramos dos o tres nomás los que lo hacíamos, pero ellos fueron dejando.

No había de dónde aprender”.

Chako incluso se sumó al FPV cuando el estilo recién estaba despegando.

“Hoy aprender a volar es más fácil porque existen simuladores que ya tienen físicas muy realistas, donde se puede aprender desde cero y en un par de días podés estar llevándolo más o menos al dron, lo cual después después te facilita el control en el vuelo real sin arriesgar tu equipo con un choque, porque este hobby los maltrata mucho”.

El esqueleto de los drones de FPV está hecho de fibra de carbono que resiste golpes fuertes, pero las hélices también se van rompiendo y hay que reemplazarlas, algo que no es fácil ni barato conseguirlas por el tema de las importaciones.

Un “hobby” caro y en dólares Una barrera lógica que tiene el mundo de los drones son los precios de estos aparatos importados.

“Por eso en este trabajo se cobra mucho el riesgo también, lo que vos como piloto ponés en juego al momento de realizar tu trabajo.

Si cobrás bien, que se rompa un equipo es parte del trabajo, no es algo tan tortuoso.

Obviamente que uno no puede chocar un dron cada vez que salís a grabar.

Y en el caso del FPV el riesgo es mucho más alto que el mío, con drones que se pueden caer o romper por error humano”.

Y en cuanto a los costos, atados al dólar, se dan situaciones extrañas, como que hace dos meses costaba más barato comprar ciertos equipos en Argentina que en Estados Unidos.

“Un Mavic 3, que es de última tecnología pero no de los más caros, lo importan a un dólar oficial, entonces si tomás el dólar blue cuesta 2.500 dólares, y en Estados Unidos costaba casi 3.000.

Depende el momento, hoy está todo muy caro pero después se puede llegar a revertir”, ejemplifica Agustín.

Consultados sobre cuál fue la toma o el mejor lugar donde pudieron pilotear, ambos tienen que pensarla bastante para dar una respuesta.

“A mí lo que me gusta es el poder salir día a día y que me llamen de distintos lugares a los que no hubiera ido nunca, conocer gente que hace cosas que ni siquiera sabía que existían.

Termina siendo muy loco en ese sentido.

Acá en Córdoba sí te diría que la toma mía que más me gustó fue una que hice en la rueda Eiffel, que está en el parque Sarmiento, porque al tener un dron chiquitito me pude meter por adentro de esos huecos y pude jugar en la zona, y estuvo divertido”.

Agustín también coincide que el trabajo le ha permitido conocer lugares en los que jamás sospechó estar.

“Pero el mejor lugar donde volé y donde me gustaría volver a filmar fue en las cataratas, pero en los parques nacionales es complicado volar por los permisos y la regulación, y me dieron sólo 40 minutos para pilotear, pero yo me hubiese quedado tres días ahí”.