Previaje 3, a cuenta de todos

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Fuente lanacion 30/08/2022

A pesar de los anunciados esfuerzos de la nueva conducción económica del país para recortar gastos superfluos del Estado, el ministro de Turismo y Deportes, Matías Lammens, confirmó el lanzamiento del plan previaje 3, destinado a fomentar el turismo de media y baja temporada en un afán por sostener esta actividad durante todo el año, aunque a costa de un Estado quebrado que terminará subsidiando a quien tenga la oportunidad de viajar por el país entre octubre y noviembre de este año.

Poco importa el nivel de necesidad, menos si es o no real, cuando quien paga es otro, al igual que cuando se otorgan jubilaciones a quienes no trabajaron nunca o se conceden beneficios de planes sociales sin contraprestación alguna.

La tercera edición del Previaje, destacan sus promotores, busca acentuar la demanda, pero también promover el desarrollo de infraestructura turística a tasa subsidiada para prestadores inscriptos.

Lammens resaltó que en los últimos dos años, el Gobierno “invirtió 35 millones de dólares mientras que entre 2015 y 2019 solo se invirtieron 7 millones”.

Con niveles de reembolsos del 50% para los inscriptos en el programa, que subirán al 70% en el caso de afiliados al PAMI, el cálculo matemático de almacén conduce a preguntarse quién financiará la diferencia.

Estimular el consumo con fondos públicos en un contexto inflacionario dista de ser una medida sensata, y la inflación turística no se solucionará con más intervencionismo estatal acordando o regulando precios.

Sin embargo, Lammens explicó que el Previaje, además de brindar la posibilidad de viajar a los argentinos, “tiene un beneficio grande para el país en términos fiscales, ya que moviliza ahorro privado y el Estado nacional recupera 8,3 de cada 10 pesos que invierte”.

No estamos hablando de la larga lista de beneficios directos e indirectos para una industria que estuvo entre las más golpeadas por la pandemia en el mundo y que, localmente, arrastraba desde antes una fuerte caída de la demanda.

Tampoco menoscabamos el impulso sobre las economías regionales y el empleo que el programa de preventa turística promueve.

Lo que nos preguntamos es a qué nivel de distorsión o negación de la realidad han llegado nuestros gobernantes para que, en un país con más del 40% de pobreza y una inflación anual que rondaría los tres dígitos, se pueda pensar que quienes todavía viajan deben poder hacerlo con la ayuda del Estado.

Antes que este dislate, sería más conveniente promover las aerolíneas low cost para que más gente pudiera viajar barato sin programas mentirosos.

Por mal camino seguiremos en este viaje si los esfuerzos por promover el desarrollo continúan atados a demagógicas medidas sin sustento ni criterio económico que continúan expoliando al Estado.

El cambio en las reglas de juego y la falta de previsibilidad atentan contra un sector pujante que reclama ser escuchado.